Dejad que los niños se alejen del camarero

13.06.2019

Juanjo Sánchez Vidal

Cada vez más los negocios de hostelería se plantean la posibilidad de "prohibir" la entrada de niños hasta una cierta edad.

No hablamos de locales de copas y discotecas, lo hacemos de restaurantes que sirven comidas y cenas.

Los que tienen niños saben que es difícil mantenerlos quietos durante mucho tiempo y que el restaurante es un lugar con innumerables sitios para el juego y el descubrimiento, más aún cuando se juntan unos cuantos.

Nos ponemos en la piel del camarero que tiene que sortear a pequeños, con una bandeja en la mano, con el consiguiente peligro de caer con todo el cristal que lleva sobre cualquier persona, incluso el propio niño.

Otra cosa que no suele pensar el cliente, es el rendimiento económico de la mesa. En ocasiones se reserva una mesa para seis personas, en las que tres de ellas son menores y de las cuales el consumo será inferior al cubierto habitual y a los pocos minutos ya no estarán ocupando dicho asiento. O lo que es peor que ni siquiera consuman nada porque ya han comido en otro lugar, o traen la comida de casa.

Muchos locales de hostelería han decidido que su cliente preferencial sea familiar, con sus respectivos niños. Para ello han instalado parques infantiles, normalmente en los exteriores de las instalaciones con monitores para que entretengan a los más jóvenes.

Con esta situación se consigue alejarlos del lugar de servicio de las comidas, pero no soluciona que los niños vuelvan cada cierto tiempo con carreras por el salón, en ocasiones descalzos y con la sobreexcitación habitual de la edad.

Es cuando el camarero llama la atención de los niños para que no corran, el niño se dirige a los progenitores y notifica la acción del camarero, que ya ha tenido que "levantar" a su hijo de una mesa, limpia y montada para un nuevo servicio, y donde el pequeño estaba merendando su bollo de chocolate, comprado fuera del establecimiento, incluyendo también el zumo de una marca blanca de supermercado muy conocido.

En ese momento el progenitor se levanta y recrimina la acción del camarero, justificando de que son niños y que tienen que jugar.

La solución es complicada y antipopular para muchos, aunque algunos restaurantes, cada vez más, intentan facilitar lo menos posible la llegada de niños. Menús poco atractivos para los más jóvenes y la imposibilidad de realizar platos fuera de carta para contentar a los padres, son algunas de las soluciones para "evitar" la masificación infantil. 

Hay que reconocer que no todos los niños son iguales, los hay que se comportan correctamente, son tranquilos y no molestan al resto de clientes.

Sea como sea lo importante de la convivencia entre el personal de hostelería y los más jovencitos es el control de los propios padres sobre sus hijos, algo que no sucede siempre.

En definitiva los niños no son un problema para la mayor parte de la hostelería, son un problema cuando están incontrolados.

Juanjo Sánchez Vidal

Sumiller, Formador y Comunicador del Vino

juanjosumiller@gmail.com


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